Se sentó a mi lado, y dejó que sus pensamientos se acercaran a los míos. Los colores del otoño se hospedaban en nuestras miradas. Era el mismo otoño al que a veces le apodamos el melancólico, el triste, el gris…, opinión que yo no comparto.
Era un escenario íntimo y acogedor, era mi lugar, y mi momento, hasta que el intruso se acerco. Sentados individualmente uno al lado del otro, seríamos dos extraños, e ignorábamos que nosotros mismos, llegaríamos a ser sus protagonistas.
La suave lluvia llenó de reflejos nuestras miradas. En un acto reflejo, escondí el libro en el viejo bolso marrón. No quería que la tímida lluvia, llenara de humedad sus hojas.
Él me miro, y en su mirada pude leer la pregunta de rigor: ¿Puedo sentarme aquí? Le sonreí y afirmé con un gesto.
El pequeño espacio que quedaba entre nosotros, se iba convirtiendo poco a poco en un vacío molesto. Le sonreí en silencio, y se acercó un poco más. Dejó que su ropa rozará la mía, y pude oír su sonido. Sentí como el calor de su cuerpo peregrinaba por los tejidos de nuestras ropas… y le sonreí en silencio. Me miró, y le miré, y él, bajo la su mirada, y en ése instante, sentí el roce de sus párpados en los míos… y le sonreí en silencio.
Le ofrecí mi mano, y la tomó con ansia, y la acarició dejándola reposar sobre mi muslo. Su piel era tosca, pero emanaba la calidez de un atardecer. Le miré y no le sonreí. Le hablé con el deseo de mis labios, y con la hambruna de mi boca. Él escuchó anhelando mi deseo y saciando mi hambre. Mis palabras se enredaban en las suyas, mezclando teorías del amor. No había más palabras que no fueran anhelo, ansia, deseo, sexo, carne, humedad… escondimos el tiempo de los extraños en los bolsillos, y tras el árbol del otoño fuimos dos hojas trémulas.
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Esta fotografía "Otoño en el paseo" pertenece a nuestra querida Tesa.





