06 enero 2009

Privada Seducción


Estoy en mi silencio, en mi momento, me oigo y me escucho
únicamente a mí y mi yo.
Ese que me acompaña siempre. Me gusta este momento, y a lo lejos ruidos que no escucho y que no estorban; movimiento de platos, tazas, maquinas que realizan ese sabor que tanto me gusta, el café, es como un ritual,
azúcar, poco, casi nada, la cucharilla sumergida en él,
danzando y creando sobre la fina capa de espuma, dibujos que nacen y mueren casi al mismo instante.
Voces vecinales de vidas ajenas en mesas cercanas. Y necesito de él, de ese mi momento como al agua que calma mi sed.
Y es que este ruido, ese ir y venir de lo que me rodea, es música de fondo. A pesar de tanto ajetreo, me siento sola, rodeada tan sólo de mi silencio en la voz, y de mi soledad elegida.

Que gran momento, que sabor más intenso es estar contigo misma.
Mis pensamientos, empujan palabras construidas de sentimientos; pasiones, ilusiones, temores, inquietudes, reflexiones… es un sin parar. Observo mi mano y de mis dedos emanan danzas en letras caídas sobre el papel, escribo, tacho, anotación lateral, interrogante…
Y me doy cuenta de que mi mano, me gusta –a pesar de ser regordeta- y ella en el silencio de su danza me seduce.
Su baile en vals, en tango, en merengue, en chacha, en bolero… el baile depende del momento, de ese momento de mi soledad sonora,
que me llena
que me apasiona
que me excita
que me ilusiona
y el que hace que mi mano, baile.

Mi café
con poco azúcar
y mi mesa de siempre...

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08 octubre 2008

Banco de Madera


Sí,

a veces suelo hacerlo, me siento en un banco de mi ciudad o de cualquier otra en la que me encuentre. Normalmente busco los de madera, me gusta la madera, y los carpinteros. Me gustaría una historia apasionada con un carpintero…, para que mi piel y mi cuerpo fuera su materia prima. En los bancos de madera siento tal calidez, que los fríos inviernos me son fugaces.


Pues bien, me siento y dirijo mis ojos hacia el suelo, mi mirada es perpetua a la gran variedad de calzado que pisa el suelo que yo observo. Cada zapato una vida y en cada vida un andar y en cada andar un camino y en cada camino un final.

Los zapatos con tacón, me dan vértigo, quizás sea el motivo por el que siempre calzo zapato plano. Me dan vértigo es verdad, y además las alturas me dan siempre la sensación de caída libre y siento el temor en mi pecho. Aunque lo extraño es, que ya de muy niña –bueno ahora también me gusta, pero me cuesta más subirme y luego bajar- me gustaba trepar por los árboles y subirme a ellos, me quedaba arriba todo el tiempo que mi madre me dejaba. Reconozco que era casi todo el que yo quería, en verano me dejaba merendar y a veces cenar arriba en el árbol. Creo que mi madre sabía que necesitaba mi espacio, sentirme libre y segura, apartada de ese mundo adulto al que yo, jamás sentí pertenecer.

El zapato deportivo, o el cómodo, son mi gran pasión, los miro, imagino caminos andados por personas ajenas a mi, pero que quizás compartan conmigo algún resquicio de mi manera de ser y pensar.

Los de verano, digamos que me inquietan, los quiero frescos y sentir mis pies libres de ataduras, pero no me gusta enseñar los dedos de los pies… así que cuando observo la variedad que pasan por delante de mi me estreso, difícilmente puedo imaginarme sus vidas.
Siempre que paso mi tiempo libre así, mirando, observando, imaginando, soñando…

Y de repente mi garganta empequeñece, siento un ahogo cuando ante mí, se muestran los andares de un hombre con calcetines blancos –sin vestimenta deportiva-. Mi cara se contrae, mi corazón palpita y mis labios hablan con la voz de mi garganta: por dios es que no se mira.

Sí, lo sé no es que sea una reflexión profunda, pero me apetecía contarlo, lo de los calcetines blancos digo.

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20 agosto 2008

Ella, estaba ahí



Hacía unos quince años de la última vez que estuve en la estación de tren de mi ciudad. A pesar de la remodelación a la que fue sometida, en parte por culpa del AVE. No sé porque fui a la estación.
Me senté a tomar un café, algo ausente volví a la realidad, y como algo cotidiano me dediqué a observar los trenes que hacían su llegada y su salida de la estación.
Observé vidas ajenas que iban i venían. Me di cuenta de la gran diversidad de maletas, zapatos, bolsos... expresiones de rostros alegres, tristes, indiferentes, ausentes... hay tanto por ver y por vivir.
Y unos minutos después la vi, ella estaba ahí, a los pies del andén. La miré con un temor innecesario, jamás la había visto, no la conocía, pero a pesar de no conocerla me inquietó su actitud frente al andén. Tenia la mirada puesta en las vías, como si de una pintura se tratara, e intentara adivinar que quiso reflejar el autor de la obra. Me asuste, pensé que quizás su intención fuera tirarse cuando el tren pasara, y sentí nunca mejor dicho, como si un tren atravesara mi cuerpo a una velocidad impensable. Intente entender los motivos por los que ella decidiría poner fin a su vida. Creo que negarse una vida, la propia, nunca es fácil.
Por un breve instante mi mente se autoprotegió y me dije a mi misma que sus motivos no me importaban, si quería robarse su propia vida, quien era yo para impedírselo. Llevarse un botín tan preciado como invalorable, la propia vida.
Fueron unos segundos en los que mi propio egoísmo por hallar una explicación lógica, me hicieron dudar de ese poder que los humanos también poseemos. Ese poder innato y a la vez ignorado, el poder de ayudar al desconocido. Observé como sus pasos se acercaban hacia el borde exterior del andén y volví a pensar en lo peor.
Oí por el altavoz como anunciaban la llegada del tren, vía dos, andén tercero, el cual no haría parada en esta estación. Y el temor, se apodero de mí una vez más, corrí hacia ella, la salude y le pregunté ¿tienes fuego? Me miró, y sus ojos rebosaban una paz absoluta, y su voz me dijo: no, lo siento pero no fumo, fumar mata. Guarde el cigarrillo y le pregunte que hacia en aquel lugar tan cerca del andén, y mirándome fijamente, ella me dijo: nada, espero el tren, debo subirme a él, pero nunca se detiene.

-¿vendrás mañana?
-Si tú quieres, vendré y nos tomamos un café.
-! vale¡ pero antes que llegue el tren.
-Quizás no pare.
-Quizás sí.
-Quizás.

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25 junio 2008

Un dolor de muela



Me molestó que no fuera el de siempre. Pero silencié mis quejas en la sombra de la sospecha, dejando caer mi cuerpo sobre el sillón azul. La luz de la lámpara iluminaba mi rostro perfectamente, obligándome a pensar en mis patas de gallo, ¡Dios, me vería hasta las plumas!
Y plof! De repente su rostro frente al mío.
Miré sus ojos oscuros y de brillo intenso, el cabello negro y rizado, las orejas tamaño estándar y la frente la gusta y precisa. Sentía el calor de sus dedos y de sus manos rozándome los labios y tallando artísticamente mis dientes, a pesar de los guantes de látex.
Me pregunté como serían sus labios y los dientes de su sonrisa, pues se escondían tras la mascarilla azul...
¿Qué habría pensado de mis patas de gallo? No lo sé, pero lo que si supe, fue que tenia una sonrisa agradable y que sus dientes acabarían siendo perfectos, los de la parte de arriba impecables y los de abajo eran un manojo de hierros, pero con un futuro prometedor. En fin, qué me vació los bolsillos. Es lo que tiene ir al dentista.

07 abril 2008

Deseos anhelados




Te observo tras la puerta en silencio, con ojos hambrientos de deseo y con los labios ávidos de saborear… la exquisitez de tu carne trémula. Desnudo, mostrándome tu tez morena, suave y anhelada por mi deseo, sobre sábanas blancas, anunciando la noche que se acerca sigilosa, llegan a mí tus olores y sabores.
Esta noche, seré la mujer insaciable, provocadora, erótica y sensual, y rastreadora del placer. Es mi deseo ardiente el que no puedo calmar, y mis manos me han buscado, acaricio noches pasadas, instantes y gemidos ancestrales e instintos innatos, te miro tras la puerta en silencio, con ojos ávidos de deseo y con los labios anhelosos de saborear la exquisitez, ésa, la de tu carne trémula. Manos oportunas, acariciando mis pechos, tocándome, deseándome, provocándome, y saciando mi sed. Tras la puerta, gimo, grito en silencio mi propio placer, y siento estremecer mi cuerpo en el placer íntimo y silencioso.


Te observo, y tu cuerpo desnudo grita a la noche y me suspira en silencio. Y delante de ti, me muestro desnuda, a los pies de la cama donde tu cuerpo desnudo, me grita, muestras tu tez morena, suave y anhelada por mi deseo. Llegan a mí, tus olores y sabores, y desnuda, con la piel dispuesta, me muestro ante ti, dulce como la miel, suave como el terciopelo, inquieta y camaleónica. Esa soy yo para ti, para calmar tu sed y abrirme a nuestros deseos.
Siento tu piel rozar mi piel, y me estremezco, tus labios besan los míos, y me estremezco, acaricias mi cuerpo como jamás has hecho, y tus manos moldean mi cuerpo y aprietan mis nalgas exprimiéndolas… Y me estremezco.


Sepáralas, dice tu voz estremecida y llenada por el deseo, y desnuda, con la piel dispuesta me muestro ante ti. Deseo fálico, que se adentra en el mundo tenebroso del placer, labios reencontrados en los besos más anhelados, lenguas belicosas por el placer a conquistar… Envestidas temerarias al descontrol del deseo… Y esas palabras al oído, groseras de día, placenteras de noche… estás dentro de mí, no pares, te susurra mi gemir.

Desnuda, con la piel dispuesta y mostrándome ante ti, la noche no quiere irse… y espera…
Mírame, bésame, abrázame… Sepáralas, dice tu voz temblorosa gritando en silencio, colmada por el deseo… y la pasión.

18 diciembre 2007

Un día sin importancia

Hoy fue un día sin importancia, un día perdido, un día inútil. Me ausenté de la vida sin apenas darme cuenta.
Me levanté, me aseé, y salí tras la puerta sin apenas mirar a Kis, -mi gata- y si apenas despedirme de ella, como suelo hacer cada día. No puedo recordar donde tenia mi mente, lo que si sé, es que no iba conmigo, yo iba sola, ni tan solo mi alma venia conmigo. Caminé hasta la parada del bus, y me parecieron muy lejanos los buenos días que solemos darnos; los que cada día nos vemos en el mismo lugar y a la misma hora. Me refugié bajo mi abrigo, para ahuyentar el frío intenso que esta mañana hacía. Me moví cuando los demás lo hicieron, y el pitido que hizo el detector al pasar por él la tarjeta, alerto a mis neuronas que debía saludar al conductor, pues también es, un conocido nuestro.
No observé nada ni a nadie, como suelo hacerlo cada día, hoy no. Hoy esas vidas ajenas, no debían acercarse a mi, hoy no, hoy era un día sin importancia, un día perdido, y en definitiva, un día inútil.
No vi a la señora de cabellos teñidos y ahuecados, formando un vació que nunca entendí su porque, ni intente averiguar. No escuché las conversaciones de esos niños, llenas de la inocencia todavía innata en ellos, ni sus risas… no vi a la madre que riñe al niño cada vez que él respira. Ni al anciano que se sujeta muy fuerte a una de las barras y evitar así, perder el equilibrio durante los frenazos y arranques que provocar el conductor, por esa inevitable hora punta. Ni al joven que viene corriendo con el brazo en alto haciendo señas, para que le esperemos, porque sí, todos le esperamos. Ni escucho las noticias de fondo que la radio del bus emite.
Hoy, como algo innato en mi, me apeé en la parada de bus de cada día, y mis pasos siguieron la dirección aprendida, mi cabeza hizo los giros necesarios para que mi cuerpo se atreviese a cruzar el paso de peatones. Llegué como cada día a mi momento del día, un café sin pedirlo, el periódico que la chica que llega antes que yo, parece que me lo guarde y me da en mano. Poco a poco el día parece tomar importancia, pero no, o sí, tal vez, demasiada importancia.

Atónita leo una noticia en el periódico local, incrédula me digo que no puede ser, estoy leyendo mi nombre y mis apellidos, la edad… y seguidamente, su apenada madre, hermano, familia y amigos… He muerto? Por qué? Cómo? Es que nadie podía avisar? Cómo no me di cuenta, cómo pude ignorarlo. Y mis amigos, como no me avisaron, y mi madre, y mi hermano…

Ahora entiendo porqué ayer por la noche, cuando llamé por teléfono a mi madre no hablaba, sólo lloraba, y yo le decía, pero porqué lloras, qué pasa, cuéntamelo y buscaremos la solución, pero no respondía, sólo lloraba, entonces le dije: mama ahora vengo de inmediato, y ella colgó el teléfono.
Ahora, estoy muy enfadada, el café esta frío, y el periódico empieza a desvanecerse…


Hoy fue un día sin importancia, un día perdido, en definitiva, un día inútil.

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24 noviembre 2007

Impresición de Instantes

Oí la alarma del móvil, una melodía suave, a lo clásica. Me alejó de la pesadilla en que estaba inmersa y me alegré de ello. No soy amiga de los ruidos. Digamos que todo me gusta suave, tranquilo, en un constante sosiego. Me senté en el lado derecho de la cama, y acaricie a “Nela” –mi gata- ella me miró satisfecha, e inmediatamente dio un brinco y se acomodó a un lado de la ducha. Me duché, me cepillé los dientes y me vestí. De lunes a viernes, la misma “tradición”, sí, era toda una tradición imitar un día después de otro. Preparé el café, y puse un poco de leche en el pequeño cuenco naranja, de Nela. Las dos “desayunamos” en silencio.
Cogí el bolso, me puse la chaqueta y cerré tras de mi la puerta. Hasta luego Nela, –dije mirándola-. Bajé las escaleras, como cada mañana, y al llegar al portal sentí la presencia de alguien a mi espalda. Sentía sus ojos hundirse en mi nuca, lentamente, y mis hombros acogieron su pesar. Pude notar su aliento tan cerca de mí, que un fugaz instante de temor, aceleró el latir de mi corazón. Pero fue su olor, el que lo tranquilizo, mi memoria lo había reconocido, era un fragancia, fresca, agradable y de una suave dulzura, que te hacía sentir su inexistente textura.
Respiré profundamente, y abrí la puerta, sentí el aire limpio de la mañana, como una caricia en mi rostro.
Mis pies no giraron hacia la derecha como cada día, sino que lo hicieron hacia el lado contrario, a la izquierda.
No me resistí al capricho de mis pasos, romper la rutina y dejarla a un lado, era algo que me seducía y me inquietaba. Olí nuevos aromas, las aceras parecían diferentes, los árboles parecían vestidos de gala y mis ojos eran una fuente de imágenes, que mi memoria almacenaba con impaciencia, absorbía con ansia todo lo que me rodeaba. Colores llenos de vida que me envolvían de un maravilloso arco iris. Ummmm! que sensación tan mágica y a la vez inimaginable.

Me pregunté si alguna vez había tenido esa sensación. La respuesta fue un sí, pero era tan lejano, que tuve que hacer añicos los rincones de mis recuerdos para encontrarla. Y sentir en ese mismo instante, la fría daga partir mi pecho en dos. Seguía caminando sin importarme donde me llevaban mis pasos. Me sentía acompañada aun caminando sola.


Algo se desprendió de mí, y sentí una fragilidad en mi cuerpo que me obligó a sentarme en un viejo banco del parque. Fragilidad, o ausencia de un pesar tatuado en mi pecho.
Miré al frente desafiando al mundo por estos instantes que yo vivía. Mis labios sonrieron con temor, cuando la miré a ella, qué joven y que paz reflejaba sus rostro. Con su cabello danzando al son, del leve y suave viento.
Su voz resonó en mi cabeza, -te dije que nunca estaría lejos, y aquí me tienes…- y sonreí al plácido sueño de mi memoria.

...

06 septiembre 2007

la heroína de mi vida



Frente al espejo, sólo y perdido en su propia mirada, no vio más que su reflejo. ¿Quién eres? se preguntó a si mismo ¿Me conoces?, pero nadie le respondía…
Me ahogo, no puedo respirar….
Sus pensamientos se amontonaban esperando el anhelado adiós…
Sus ojos encontraron su propio vació y asustado, gritó: mamá, mamá…
y tras la puerta, unos ojos se revelaron contra ese adiós acechador. Se le acercó como brisa en la mar, con el rumor de las suaves olas.
Eres Manuel, recuerdas, el niño de la bicicleta azul… míralo en la foto de la pared, aquel que sonríe. Pero ahora es tarde y te vas, inicias un largo viaje, donde sólo tú puedes ir… no sientas temor en ir, allá donde vas, encontrarás el sosiego, seras amapola en pleno campo, pez en el río, lobo en la montaña...
Te has envuelto en la suave tela blanca… la mejor, la más pura, yo la compré para ti. Coge mi mano, te acompañaré hasta el umbral, y tú, sólo tú, cruzaras la puerta... y te llevaras contigo todo mi amor…



acuarela de thoti "madre y dolor"

28 agosto 2007

loca


Me levanté de la cama con una enorme necesidad de correr para llegar a una meta que yo ignoraba. Sentí el frió de la baldosa bajo mis pies y mi piel sintió escalofríos. Mis pasos, a los que yo ignoraba, llegaron hasta la ventana y mis manos ansiaron abrirla. Una niebla espesa y húmeda se posó en mi rostro como mariposa en una flor. Suavidad y frescor, eso es lo yo sentía en plena noche ignorando el destino de ese momento. Cuando el mundo duerme y sólo las almas inquietas pasean por sus senderos. Abrí la puerta de la casa dispuesta a caminar con mis pies desnudos por aceras dormidas, carreteras silenciosas y suaves luces de neón. Vi rostros y almas inquietas, guardianas de la noche que me abrazaba sin esperar mi abrazo. Voces con palabras susurradas en la oscuridad y que dieron brillo a las mías, aunque mudas, se esforzaban por gritar su alegría.
Anduve despierta con el peso del sueño sobre mi espalda. Sentí mi corazón latir como antaño, cuando aquellas noches fueron mías. Cuando el servicio de limpieza me despertaba con gotas de agua. Cuando mi comida era las sobras de una exquisitez del restaurante un amigo fiel. Cuando aprendí de historias oídas, que la vida es sólo un lugar de paso. Noches en donde la luna era mi colcha de colores, y el sol el reflejo de mi día. Que la nube limpiaba mi cama y el viento se llevaba mis sueños.
Caminé descalza por la ciudad que un día me vio nacer… y me vio morir.

Conté mi historia a mis amigos y me llamaron loca.

09 agosto 2007

la seductora

En su rostro quizás no se perciba, pero la lleva por dentro, es como una flor marchita y olvidada. Tan fría y distante como dos polos opuestos. Como un río seco y roto en el que un día, ella sé poso. Es quizás, como un roble fuerte, enraizado a su tierra. Pero su tierra es floja y vacía. Es como el silencio, aquel que te corta el aliento y te angustia lentamente. Es su abrazo, que de pronto le rodea vacía y fría por todo un tiempo pasado. Oh quizás incluso, como la caña de bambú, majestuosa y bailarina al son de la música del viento...
Es la muerte que lleva por dentro... Es su tierra floja y vacía... Es la oportunidad que tuvo y se le escapo… Es el derecho a la vida y el derecho a la muerte. Su vida es también su muerte.
Le dieron la vida, y a la vez, ya le daban la muerte.
¿Cuanto tiempo hay entre la vida y la muerte? ¿Y entre la muerte y la vida?
¿Y si, cuando te llega la muerte, es cuanto empieza la vida?
¿Cómo encontrar el equilibrio de amar tanto la vida, como la muerte?

Encontrar un instante, para elegir entre la vida y la muerte… tan sólo un instante, para ser consciente de ello.

24 julio 2007

la vieja escalera


Sus pasos iniciaban un titubeo en el preciso instante en que peldaño a peldaño, pisaban la vieja escalera, la misma que en su niñez, descubrió un día alcanzando su final, y convirtiéndolo en su rincón secreto. Crujidos aislados le susurraban imágenes de días pasados, y buscó recuerdos entre paredes viejas de madera, movió con esfuerzo baúles llenos ilusiones, de tiempos pasados y promesas hechas de las que jamás te olvidas. Sus manos acariciaron los sueños allá guardados, mientras sus ojos lloraban la añoranza de los mismos. Sus labios anhelaron aquel primer beso, dibujó su rostro en el aire y beso nuevamente sus labios… ese minucioso instante en que la inocencia de sus 17 años los cobijaron en dudas y miedos y aun así, decidieron entregarse… una carne trémula despertaba, entre palabras aprendidas de versos oídos en el eco de un trovador, y el gemir de sus tempranas voces eran las notas musicales de una nueva canción…
Se sonrojó por lo que había sentido en éste preciso instante. Se sentó sobre el viejo baúl, y le dio una pausa a sus deseos.

Te vi llegar, -le dijo ella- y él se sorprendió. La miró, y observó aquel cuerpo de mujer, sus zapatos negros de tacón, su falda moldeando sus caderas, su blusa hospedando sus pechos, y sus labios albergando besos…

Y sus pasos iniciaban un titubeo, en el preciso instante en que anhelaron tocarse…
Y en el silencio del atardecer, se oyó gemir.